Historia de Mujeres
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Introducción
SIMONE
WEIL

Esta historia se reconstruye
con el cuerpo y con la mirada. Su vida se apagó tempranamente.
Sin embargo, nos quedan sus palabras plasmadas en ensayos y en singulares
ejemplos cotidianos. En un mundo en el que la belleza sólo se
percibe por instantes y donde la justicia y la igualdad es un hueco
vacío, ella como ninguna otra y ningún otro supo expresar
su aversión a la violencia.
Estamos invitad@s a transitar vida, obra e historia de Simone
Weil.
Ojos (bien abiertos)
Simone Weil nació en París el 3 de febrero
de 1909. Era hija de un médico de Alsacia llamado Bernard Weil
y de Salomea Reinherz. Nacida en el seno de una familia de clase media,
inmigrante de origen judío, pero laicos, tanto ella como su hermano
se destacan precozmente.
A la edad de diez años, Simone Weil
se declara bolchevique y comunica esta decisión a sus padres.
Con una natural predisposición por los aspectos profundos y singulares
de la existencia, belleza, verdad, justicia y pureza atravesarán
toda su vida y marcarán el rumbo de una conducta en perfecto
equilibrio entre pensamiento y acción.
A los once años se sentiría profundamente identificada
con las/os paradas/os que se manifestaban en el Boulevard Saint-Michel.
Años más tarde sería ella misma quien encabezaría
las importantes manifestaciones en reclamo de justicia.
Simone Weil tuvo la notable capacidad de comprender el dolor humano
y de cultivar un pensamiento alejado de la violencia y cercano a la
belleza, la justicia y la paz.
La pensadora francesa nunca permaneció quieta, siempre comprendió
que la palabra significaba mucho. Esa misma palabra la llevó
a luchar en favor de todas y todos las/os oprimidas/os del mundo. Esa
misma palabra, utilizando el título del libro de Susan Sontag,
la conmovió "ante el dolor de los demás".
Cuerpo (para sentir y padecer)
Con Simone Weil
comprendemos que la patria no es el lugar en el que vivimos, sino el
lugar en el que nos gustaría vivir.
Ella conocía bien esta situación porque pese a haber nacido
en París, había llegado allí desde otras tierras.
Francia conoce mucho de fronteras y límites. Sin embargo, existen
posiciones que cuestionan esta idea. Una de ellas es la del movimiento
de mujeres autodenominado "Ni putas ni sumisas"
, que surgió en el año 2002 en los suburbios parisinos.
El origen (en este caso magrebí) las define como inmigrantes,
como también el origen inmigrante delineó en Simone
Weil un perfil claro de repudio ante las injusticias. La
reflexión y rebelión de estas mujeres, que se atreven
a cuestionar las raíces de la sociedad mercantilista y sus desigualdades,
es producto de su propia experiencia.
Las fronteras y los límites que marcaron a Simone Weil
son los mismos que ahora se presentan en la escena contemporánea
dejando su huella indeleble.
El hambre, la violencia, las desigualdades entre los géneros
son algunos de los aspectos que Weil hubiera tratado, de no mediar su
propia muerte, como única e ineludible clausura de su lucha.
No obstante, nos quedan sus palabras, sus ensayos, sus actos para seguir
pensando entre todas y todos el mundo en el que anhelamos vivir.
Cabeza (para crear y pensar)
Desde niña, Simone Weil manifestó
ser una mujer precoz. A la edad de diecinueve años ingresó
con la calificación más alta, seguida por su compañera
de estudios Simone de Beauvoir, a la Escuela
Normal Superior. Se graduó a los veintidós años
en filosofía y de allí en más desarrolla su carrera
docente. Lejos de permanecer enquistada en discusiones teóricas,
su vida se inclinó hacia la acción práctica.
A los veintitrés años es "transferida" del liceo
en donde impartía clases por encabezar una protesta de paradas/os.
Su dedicación por la situación social y los actos de injusticia
y su obsesión por la verdad y la pureza le valió el apodo
de "Virgen Roja".
Las vírgenes, las rojas, las putas y las insumisas se unen en
esta historia y en el recorrido pasado y presente del suburbio parisino.
Esa misma obsesión por la ética fue la que la llevó
a no ingerir los alimentos necesarios para su vida, en expresa solidaridad
con los soldados franceses cuya alimentación se encontraba racionada,
debido al proceso penoso de la guerra.
Son las mujeres y sus circunstancias las que alzan su voz para repetir
una y otra vez que no aceptan dócilmente lo que la sociedad patriarcal
les quiere hacer creer que son. Ni son putas, ni son sumisas; no son
del todo una cosa ni la otra. Se encuentran en los márgenes,
en los lindes, en los límites de lo que les dicen que son y van
a luchar por no ser. Ni una cosa, ni la otra, o las dos cosas juntas
producto de una dicotomía que se hace imprescindible quebrar.
Boca (para decir lo que no se debe
callar)
Simone Weil ha
universalizado el sentido de lo justo y lo igualitario. Más allá
de las olvidadas premisas del Iluminismo (Libertad, Igualdad, Fraternidad)
le escupió a la humanidad unas cuántas verdades a la cara.
Su corta vida fue dedicada a advertir a las personas sobre el fallido
camino que estaba tomando la humanidad en su época. Abocada a
la lectura del marxismo desde su más temprana edad, enfrentó
las posturas teóricas de muchos de los intelectuales de su época.
En el año 1933, Simone Weil conoce a Trotsky, con quien mantuvo
unas acaloradas discusiones en torno al cambio de rumbo que había
tomado la revolución bolchevique y a la política autoritaria
ejercida por Stalin.
El debate entre Weil y Trotsky estuvo
marcado por el carácter obrero o no de la Unión Soviética
como Estado. Para Weil todo estaba muy claro, y por sus expresiones
y su no renunciamiento hacia una auténtica causa revolucionaria
fue comparada con la figura de Rosa Luxemburgo.
Por otra parte, Weil comprendió
muy bien el uso de la violencia y del autoritarismo en todos los aspectos
de su vida. Dos semanas después de estallar la Guerra Civil
Española, y pese a su público rechazo al uso de la
fuerza, se alistó en Barcelona en un comando de anarquistas extranjeros
ligados a las columnas de Buenaventura Durruti. Este aporte de valentía
y heroísmo recuerdan, de alguna forma, al personaje de Blanca
en la película "Tierra y Libertad" , donde la
defensa de los valores y las creencias tienen más peso que la
propia vida. Con el personaje de ficción de Blanca enrolada en
las filas del POUM y la presencia de una filósofa y pensadora
alejada de las bibliotecas, asistimos a la imagen de dos heroínas
de carne y hueso.
Manos (para trabajar)
Antes de emprender su viaje a Barcelona, Simone
Weil pidió una licencia en la Universidad, para trabajar
durante más de un año en la fábrica Renault.
Esa experiencia le sirvió para comprender como vivía y
padecía la clase obrera de su tiempo. Lejos de sentarse a escribir
acerca de los problemas del proletariado francés, eligió
la acción como método y experiencia de lucha. Su trabajo
como fresadora en la fábrica fue tan extremo que la llevó
a afirmar que "allí recibí para siempre la marca
de la esclavitud como la marca a hierro candente que los romanos ponían
en la frente de sus esclavos más despreciados. Después
me he considerado siempre como una esclava".
Al igual que a las maquiladoras de México, la experiencia de
Weil en la fábrica (aunque
por elección propia) le valió el acrecentamiento de sus
regulares enfermedades, entre ellas la sinusitis crónica y los
problemas de origen pulmonar y respiratorio.
Las marcas de la fábrica en los cuerpos femeninos se mezclan
con las marcas del hierro candente que deja la sociedad dentro y fuera
de sus trabajos.
Vida (fin y comienzo)
A pesar de todas estas marcas, de todas estas huellas, Simone
Weil nunca dejó
de tener sus ilusiones puestas en la belleza del mundo.
"Justicia, verdad y belleza son hermanas
y aliadas. Con tres palabras tan bellas no es necesario buscar otras".
Su apuesta por la belleza nunca la alejó de las causas nobles
de la vida. Al igual que sus futuras sucesoras en el tiempo y en el
pensamiento crítico (Ni putas ni sumisas) jamás dejó
de sostener que Francia debía desmantelar su imperio colonial
y dejar de sostener un Estado de rencores y odios en torno a las diferencias.
Ambos pensamientos periféricos se unen en la celebración
del encuentro. La belleza, la justicia y la igualdad vuelven a golpear
las puertas del mundo. La muerte temprana de Weil a los treinta y cinco
años marca el fin de un pensamiento hoy olvidado. Pero el resurgimiento
de muchas de sus causas posibilitan que las mujeres mantengamos, hoy
más que nunca, los ojos bien abiertos.
Micaela Fernández Darriba
Bibliografía de Simone
Weil
Ha dejado también una tragedia, Venecia
salvada (1940),
La torpeza y la gracia (1947),
El conocimiento sobrenatural (1949),
El arraigo (1950),
Carta a un religioso (1951),
Esperando a Dios (1951)
Gravedad y Gracia (1952),
La fuente griega (1953),
Opresión y libertad (1958).
Pensamientos desordenados concernientes al amor de Dios (1962).
Poemas, recogidos en volumen en 1968.