Viajeras
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viajeras@foeminas.lugo.es
Esta es una sección íntegramente
dedicada a los viajes, las percepciones y las experiencias que se derivan
de éstos a través de una mirada femenina. Tiene el objetivo
de conocer lugares nuevos y reconocernos a nosotras mismas a partir
de la temática del viaje.
Si has realizado algún viaje en tu
vida ya sea real o imaginario, cercano o lejano, concreto o metafórico
y deseas compartir la experiencia...entonces envía un email a
viajeras@foeminas.lugo.es

Emma
Lareu, desde Lugo a la Roma Imperial
Os quiero contar mis anécdotas y vivencias
personales en mi viaje a Roma, pero espero hacerlo desde un punto de
vista informal y un poco distinto, acercandos a lugares que normalmente
no son muy mencionados, ya que no sólo está el Coliseo,
la Fontana di Trevi... que si son muy característicos y sin duda
alguna hay que ver. Yo los visité y todos de distinta manera
me gustaron y asombraron por su inmensidad y conservación, parándome
a pensar como después de tantos años podían seguir
en pie. Quiero destacar lo que me sucedió en cuanto vi la Fontana
di Trevi, me emocioné profundamente, no daba crédito de
lo que estaba viendo, como algo tan hermoso había salido de las
manos de un hombre, y estaba allí delante de mis ojos, impune
al paso del tiempo, ignorando majestuosamente los millones de personas
que la observaban y fotografiaban, entre ellos yo. Desde luego no podía
irme de allí sin seguir la tradición de tirar una moneda
a la fuente, esto indica que regresarás otra vez a Roma.

Todo comenzó en Julio del
2005, me fui sola quince días a casa de la cuñada de un
amigo italiano afincado en Lugo y a la que no conocía, así
que el alojamiento ya lo tenía solucionado, todo hay que decirlo
ya que en parte este viaje lo pude hacer gracias a eso y a que entre
él y su mujer me convencieron y animaron para que fuese. Desde
estas líneas también quiero agradecer a su cuñada,
por la invitación, hospitalidad y el cariño que recibí,
siempre me acordaré ya que en todo momento estuve arropada por
ellos. Su casa estaba en uno de los pueblos de los alrededores de Roma,
llamado Genzano, como la de muchos otros romanos que decidieron desplazarse
a vivir a uno de estos pueblos buscando la tranquilidad a parte del
inevitable encarecimiento de la vivienda en la gran ciudad además
de la indiscutible belleza del lugar, el cuál está rodeado
de lagos, formados años atrás en los cráteres de
los volcanes muertos, el más grande es el de Albano, donde el
Vaticano tiene la residencia de verano del Papa.
Mis días allí transcurrían de manera intensiva,
ya que si quería verlo todo tenía que levantarme temprano,
me acercaban a la estación donde cogía un tren de cercanías
que en media hora me dejaba en la estación Termini, en Roma centro.
Al salir de la estación permanecía por un instante parada,
de pie, observando a la gente pasar y como se abría ante mí
un nuevo día, intentaba situarme y analizar mi recorrido, luego
me dirigía a esos lugares que había mirado la noche anterior.
Siempre iba andando, me gustaba mezclarme con la gente, vivir su día
a día, sentirme como una romana más, y lo conseguí,
al segundo día me movía por sus calles y transportes como
si hubiese vivido allí toda la vida, además todo lo interesante
estaba cerca.

Luego para comer, no me paraba mucho
ya que tenía que andar a las carreras a causa de que todos los
sitios a visitar cerraban pronto, así acababa de agotada al final
del día, me compraba un bocadillo en un bar, y mientras me lo
hacían aprovechaba para ir al baño, algo que recomiendo
a todo aquel que vaya ya que ese es un pequeño problema en Roma,
no abundan los baños públicos, es toda una odisea, en
unos tienes que pedir la llave porque están cerrados y en otros
tienes que dejar una propina para quien los limpia, esto también
sucede en sitios como la estación del tren..., los únicos
gratuitos son los de los museos y los ubicados en la Plaza del Coliseo.
Siempre salía a comer al banco de una de las muchas plazas o
parques que hay salpicados por la ciudad, donde coincidía con
más genteque hacía lo mismo fuese turista o no, sobretodo
veías a los romanos disfrutar de ese momento comiéndose
su bocadillo mientras aprovechaban para leer un libro. También
te podías encontrar a ejecutivos todos trajeados comiendo de
pie en la barra de un bar. Otro motivo por el que la gente hace esto,
a parte del escaso tiempo que tienen, es porque entre comer en la barra
o sentarse a una mesa es tanta la diferencia de precio que incluso puedes
llegar a pagar el doble.

Y algo que destacaría personalmente
y que me llamó mucho la atención fue la pizza, no por
ella en sí, sino por la forma de elaborarla y presentarla. La
hacen de dos maneras, la redonda con una masa extremadamente fina y
la alargada más gruesa, estas últimas las sirven al corte,
recién hechas, incluso en las panaderías donde es una
delicia entrar a verlas, no sabes por cuál decidirte, entre tanta
variedad y frescura que se te abre el apetito tan solo de mirarlas.
En cuanto al agua, importante por el calor, no es ningún problema
ya que Roma es la ciudad de las fuentes, cada poco te podías
encontrar una de la que manaba agua fresca directa del manantial, por
eso veías a todo el mundo con botellas de agua en la mano que
cada poco rellenaban.
Antes de continuar, un consejo: cuidado al cruzar ya que no suelen respetar
mucho las señales. El tráfico es espantoso y caótico,
todo se concentra en el mismo sitio, el gran anillo circulatorio que
rodea la ciudad, ya que muchas de las demás avenidas del centro
son callejuelas estrechas y peatonales de pavimento adoquinado, lo que
también provoca que los aparcamientos sean escasos obligándoles
a usar vespino, bicis, que se amontonan como plagas por toda la ciudad,
coches "mini" de fácil aparcamiento y como no los medios
de transporte públicos.
Un día me ocurrió una situación un poco surrealista
ya que cuando estaba dispuesta a atravesar uno de los puentes que cruzan
el río Tévere, que divide Roma, me pararon dos "gorilas"
indicándome que en ese momento no podía cruzarlo ya que
estaban grabando la escena de una película, y pensé mira
por donde voy a ver algún actor famoso, pero que decepción,
no conocía a ninguno.
Por muy despistado que fueses no se te podía pasar nada desapercibido
porque donde veías una aglomeración de gente sabías
que allí había algo importante para ver, lo malo es que
entre tanta gente y que algunos monumentos estaban tapados con lonas
a veces tenías que intuir que se escondía tras todo eso.
Algo especial me sucedía cuando visitaba lugares con ruinas como
el Foro Romano..., y es que una vez en su interior me invadía
una sensación de grandiosidad que cerrando los ojos me podía
imaginar viajando en el tiempo sumergiéndome en la belleza exuberante
del antiguo Imperio Romano pensando como sería todo aquello en
pleno apogeo.
Otra cosa curiosa son los gatos muy queridos y respetados por los romanos
ya que forman parte importante del lugar añadiendo una singular
característica, te los puedes encontrar en los más variopintos
rincones, incluso tumbados al sol a los pies e una gran mole de piedra
de hace un montón de años. Hasta hay señoras que
les dan de comer, yo me encontré a una en mi visita al Coliseo,
y allí estaba rodeada de gatos con un carrito lleno de comida
que con mucho cariño, como si de sus hijos se tratase, se la
repartía en platos, los conocía a todos e incluso les
había puesto nombres.
Antes de acabar me gustaría mencionar unos lugares en concreto
que me gustaron y recomiendo, uno es el Campo di Fiori, que por el nombre
creí que era un jardín repleto de diversos tipos de flores
llevándome una gran sorpresa al descubrir una simple plaza que
recibía este nombre porque antiguamente allí se celebraba
un mercado sólo de flores. Otro de ellos es un barrio en cuestión,
el judío, llamado Quartiere Coppedé, característico
por sus peculiares casas residenciales que llamaban la atención
hasta al más insignificante transeúnte. Los otros dos
están un poco más alejados, son Ostia Antica el antiguo
puerto de Roma y Villa Adriana, en Tivoli, que había sido la
antigua residencia de verano del emperador Adriano, de ambos sólo
se conservan las ruinas.

La jornada para mi finalizaba sobre
las siete de la tarde que era cuando cogía otra vez el tren rumbo
a mi destino de descanso y así poder llegar a tiempo para la
cena. Allí como en el resto de Europa, excepto España,
la vida comienza y acaba antes, además como al mediodía
no tienen mucho tiempo para disfrutar de una comida en familia aprovechan
para hacer esto a la hora de cenar.
Y sin más, para concluir, sólo añadir que me traje
un grato recuerdo tanto del lugar como de la gente que es muy amable
y aunque no hables su idioma, lo cuál no es un gran inconveniente
ya que es fácil de entender, hacen todo lo posible para comunicarse
y entenderte. Conocí a bastantes italianos con los que entablé
conversación descubriendo que no están muy contentos con
el momento político y económico que les está tocando
vivir. También me gustaría destacar la manera en que lo
monumental y lo moderno conviven perfectamente sin desentonar. Lo que
si tengo muy claro es que es una ciudad a la que volver siempre merece
la pena y aunque me haya marchado con la sensación de haberme
absorbido una enciclopedia entera de Historia se que me quedaron cosas
por ver, es imposible verlo todo de una vez porque mires a donde mires
siempre habrá algo que te cautivará
