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Ninguna mujer nace para puta

Ninguna mujer nace para puta es el título de una instalación con fundamento estético y político llevada adelante por el Colectivo Mujeres Creando de Bolivia y AMMAR de Buenos Aires.
Esta exposición realizada en el Centro Cultural Borges de la capital es un compendio de la postura que mantienen ambos colectivos feministas en clara alusión a la abolición de la prostitución, o mejor dicho a una de los mayores sometimientos y esclavitudes que padecemos las mujeres. Por eso, Ninguna mujer nace para puta es un manifiesto que identifica a todas las mujeres en individual y a cada una en lo colectivo. De allí que una de las instalaciones que contiene la muestra sea una grabación sonora a la que puede accederse mediante unos auriculares que están colocados frente a un espejo. La mirada devuelve inevitablemente la imagen especular propia que a su vez se enfrenta a diversas voces: entre ellas la de Nora Cortiñas (cofundadora e integrante del Movimiento Madres de Plaza de Mayo) quien recrea testimonios de vida sobre la prostitución. Entonces, las historias se hacen carne y la imagen propia se hace voz en cada uno y cada una de las/los espectadoras/es que visitan y a su vez participan de la muestra. Este singular aporte al tema de evidenciar el problema en su cotidianeidad y como parte de todas y de todas fue logrado con efectividad por Mujeres Creando y por AMMAR. En este sentido, la postura de AMMAR como colectivo es muy interesante porque muestra el pasaje en el reconocimiento de una identidad que a su vez posibilita una transformación y un cambio de rumbo en la demanda. Anteriormente, en el año 1995 se identificaban como "trabajadoras sexuales", pertenecientes a la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina. De allí, el origen de la sigla AMMAR y también su pertenencia a la Central de Trabajadores de Argentina (CTA). Pero, a partir del año 2000 y en plena crisis de la Argentina comienzan a postularse como mujeres desempleadas, porque sostienen que la prostitución no puede considerarse una opción laboral para ninguna mujer. No obstante, en el año 2003 darán un vuelco dejando intacta la sigla de su colectivo pero modificando su significado y sentido: AMMAR será entonces la Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos.
Esta metamorfosis no es para nada un hecho casual, ya que contiene en su interior un debate profundo acerca de la posición cultural de la mujer, al mismo tiempo que permite comprender un tema puntual como es la desigualdad entre hombres y mujeres a partir de los derechos humanos. De esta manera, el reconocimiento particular del género se integra al reclamo colectivo y universal.
El colectivo AMMAR se sitúa en el reclamo y en la demanda de fuentes laborales genuinas y dignas, ya que consideran que la prostitución no puede ser considerado un trabajo.
La lucha de estas mujeres y de este colectivo es contra toda forma de explotación sexual de las mujeres y asistencialismo estatal. Por esto en la exposición colocaron fotografías de rostros de mujeres en situación de prostitución cubiertos por cajas que contenían alimentos entregados por el Ayuntamiento de la Ciudad de Buenos Aires o imágenes donde los condones sirven para "tapar" los ojos y las bocas de las mujeres.
Esta imagen descubre que los paliativos no forman parte de la solución global y definitiva que debe darse al problema, ya que AMMAR de Argentina y Mujeres Creando de Bolivia sostienen que este además de ser económico es un problema de hegemonía patriarcal y dominación que se instala a instancias de lo cotidiano.
Es indudable que todos los aportes y todas las posturas que nutren el debate acerca de la prostitución son absolutamente relevantes. No obstante, el problema cobra un mayor tamiz y resulta más enriquecedor cuando pone de manifiesto la voz de las/los menos escuchadas/os, que en este caso como en muchos otros, es la voz de la mujeres dada su situación periférica. Y precisamente este es el eje básico con el que viene trabajando el colectivo feminista Mujeres Creando en Bolivia y que queda demostrado en su aporte puntual a la exposición Ninguna mujer nace para puta.
Mujeres creando es un movimiento de mujeres surgido a partir de 1992 en la Ciudad de La Paz que elabora distintas tácticas en forma de intervenciones públicas (grafitis, pintadas, performance callejeras, programas de televisión, etc.) para luchar contra la inequidad y las injusticias sustentadas por el patriarcado. Una de las premisas de este colectivo es la creación a partir de un discurso contundente y contestatario de género.
Desde estos argumentos se preocupan por desmotar estereotipos acerca de las mujeres, entre ellos los de la mujer indígena, la lesbiana y la prostituta, etc. En este sentido último se desarrolla la propuesta de Mujeres creando, con el aporte de las propias protagonistas y la descripción de su situación de sometimiento, prejuicios, exclusión y vulnerabilidad. Para exponer este punto Mujeres creando colocó tres camas, la primera condensaba en una foto la violencia que padecen las mujeres en situación de prostitución. En esta foto se mostraba la imagen de una joven asesinada por su proxeneta. La segunda cama estaba dedicada a la relación establecida entre la puta y la no puta y a la violencia simbólica que se desprende de esa palabra, su carga y su peso cotidiano. El ejemplo más claro de esto puede encontrase en la hija que recibe dinero de su padre o en la esposa que depende económicamente de su marido, etc.
Y la tercera cama hacía referencia a la relación con los clientes. A esa relación inquebrantable entre cliente hombre y los fundamentos de la sociedad patriarcal. Aquella relacional que, por en la mayoría de los casos, legitima, justifica y sostiene la explotación de la mujer y los derechos de los hombres a comprar cuerpos.
Por otro lado, reforzaban, acompañaban y sostenían las fotografías colocadas en las camas fragmentos del libro de Nawal al-Sadawi Mujer en punto cero.
El tema de la prostitución es un tema, sin lugar a dudas, candente, corrosivo e incluso molesto para algunos cuyo debate le compete a la mayoría de las mujeres, ya que esta situación no es ajena, ni excluyente para ninguna mujer del planeta.
Este es un tema que nos afecta en nuestra cotidianeidad y esto es, precisamente, lo que se pone en cuestión en la exposición.
Ninguna mujer nace para puta es un claro ejemplo de denuncia hacia la naturalización de la violencia que puede plantearse de muchas y variadas formas. De esta manera, este título-afirmación se sostiene sobre la premisa de la libertad y la advertencia de lo que representa la esclavitud todavía vigente en nuestros días acompañada del maltrato, la violencia y la mercantilización que condiciona inexorablemente nuestras vidas.

Micaela Fernández Darriba

 

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