
Historia de Mujeres
Emilia Pardo Bazán
Introducción
“Más que nuestros discursos y nuestros estudios, nos ha de sacar a flote el ejercicio de nuestra propia voluntad y la actitud de nuestra línea de conducta. La mujer se cree débil, se cree desarmada, porque todavía está bajo el influjo de la idea de su inferioridad. Es gravísimo error: la mujer dispone de una fuerza incontrastable, y basta con que se resuelva a hacer uso de ella sin miedo. Así como hay remedios eficaces que se componen de venenos, la fuerza de la mujer obliga hoy a luchar con tantas preocupaciones y viejas malicias, la fuerza de la mujer, repito, está formada en gran parte de desprecio…”(1).
El número 18 de Foeminas tiene entre uno de sus objetivos fundamentales conmemorar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Por ello, una vez más desea rescatar un nuevo relato perteneciente a una protagonista olvidada. La vida de esta mujer recupera el esfuerzo de muchas de nosotras en la búsqueda de nuestra identidad, de nuestros objetivos y deseos.
La historia que desentrañaremos está relacionada con el ahora de forma inevitable, marca el comienzo de una de las primeras voces que se hicieron escuchar y cuyo destino fue el surgimiento de muchas más. Por esta razón tenemos el agrado de traer del recuerdo la vida de la precursora que habita en la figura de Emilia Pardo Bazán.
Herencia
“Aspiro, señores, a que reconozcáis que la mujer tiene destino propio; que sus primeros deberes naturales son para consigo misma, no relativos y dependientes de la entidad moral de la familia que en su día podía constituir o no constituir; que su felicidad y dignidad personal tienen que ser el fin esencial de su cultura, y que por consecuencia de este modo de ser mujer, está investida del mismo derecho a la educación que el hombre, entendiéndose la palabra educación en el sentido más amplio de cuantos puedan atribuírsele”(2).
Por muchos motivos que se destacarán a lo largo de su vida, Emilia Pardo Bazán es la representación histórica de un singular emblema. Su trayectoria juega con el tiempo, lo hace pedazos, porque introduce el desconcierto de haber atravesado todas las barreras y los impedimentos que aún hoy persisten en el mundo.
Mucho antes de que el siglo XX recogiera algunas de las demandas sociales que hoy parecen antiguas, existía una mujer que había logrado hacerlas visible a través de su propia visibilidad. Por ello, con esta gran escritora, periodista, viajera, pensadora y lectora tenemos una deuda latente manifiesta en su incuestionable legado.
Emilia Pardo Bazán murió en 1921 sin poder percibir los cambios que se producirían en torno a la equidad de género. Ella misma, siendo una de las mejores escritoras de su tiempo, le fue vedada en tres ocasiones la entrada a la Real Academia de las Letras. Sufrió en carne propia la injusticia al ser agredida por el claustro de profesores y sus alumnos ejerciendo la docencia en la Cátedra de Lenguas Neolatinas, cargo, que por otra parte, le fue concebido por primera vez a una mujer.
Quizá se la recordará por haber escrito el primer texto feminista moderno, o tal vez por haber luchado incansablemente por la igualdad entre los sexos a partir de la educación. Pero, indudablemente se desconoce su lucha por lograr lo que ahora entendemos que es.
Hoy sabemos que su historia tiene un valor presente y podemos comprender lo difícil que continúa siendo romper con unas negativas y, al mismo tiempo, recuperar otras positivas y lejanas herencias.
Memorias de una joven informal
“Repito que la distancia social entre los dos sexos es hoy mayor que era en la España antigua, porque el hombre ha ganado derechos y franquicias que la mujer no comparte…
Cada nueva conquista del hombre en el terreno de las libertades políticas, ahonda el abismo moral que le separa de la mujer y hace el papel de ésta más pasivo y enigmático.
Libertad de enseñanza, libertad de cultos, derecho de reunión, sufragio, parlamentarismo, sirven para que media sociedad (la masculina) gane fuerzas y actividades a expensas de la media femenina…”(3).
Emilia Pardo Bazán nació el 16 de septiembre de 1851 en A Coruña, ciudad que la marcará y aparecerá constantemente en sus novelas bajo el nombre de Marineda. Sus análisis acerca de la situación de la mujer en el siglo XIX, al igual que ocurrió con Concepción Arenal, no sólo sorprenden por su anticipación temporal, sino por una espeluznante vigencia.
Desde muy temprana edad recibe una educación diferencial para una mujer de esta época. Esta situación se da no sólo por el hecho de nacer en el seno de un hogar acomodado, sino porque su padre y su madre, ambos de ideología liberal, estimularon tempranamente su pasión por la lectura y el conocimiento. Fue hija única de don José Pardo Bazán y Mosquera y de doña Amalia de la Rúa Figueroa. Esto posibilitó que doña Amalia, la madre de Emilia, le concediese ciertos lujos, entre ellos; el privilegio de librarla de las tareas domésticas “asignadas a las mujeres” para que ella pudiese dedicarse por entero a la lectura y a la escritura.
Cuentan las y los biógrafas/os que a Emilia se la calificaba como una feminista precoz(4), ya que en su infancia solía jugar indistintamente con juguetes destinados a las niñas y a los niños. También hay registros de que se rehusaba sistemáticamente a tomar clases de piano y música. Sólo alguien de su sensibilidad podía comprender, casi inconscientemente, que esta actividad estaba destinada a la formación sexista que tenían las señoritas de la burguesía de la época.
De esta manera, Emilia Pardo Bazán se transformó en una gran lectora desde los 8 años de edad, y gracias a ello a los 9 años escribió sus primeros poemas y a los 15 su primer cuento denominado: Un matrimonio del siglo XIX. En este punto es conveniente recordar que su producción literaria es amplia llegando a publicar alrededor de 600 narraciones a lo largo de toda su vida. Esta situación también describe su vínculo estrecho con la profesión de periodista y su compromiso con el oficio de escribir.
La educación de Emilia Pardo Bazán se completó en Madrid en el Colegio francés, debido a los constantes viajes que debía realizar su padre por aquella ciudad. Entre Madrid y A Coruña se fue delineando su carácter inmerso en lecturas, viajes, percepciones.
Con el tiempo se convirtió en una gran cronista de viajes expresando a través de un lenguaje poético y modernista lo que mucho de las mujeres de su época no podían experimentar.
De allí en adelante su vida se proyectó de manera irreverente desafiando los espacios destinados exclusivamente para los hombres. El caso más emblemático fue su incursión a la literatura sobre viajes, transformándose en una cronista de las ciudades, que hasta ese entonces era el reservorio cultural del escritor burgués.
Sin embargo, lejos de postularse como una excepción a la regla, como una individualidad separada de sus imposiciones culturales de género, ella denunció las desigualdades que sufrían sus coetáneas.
De esta manera, se inicia el viaje que tanto soñó leyendo de pequeña los clásicos de la literatura universal, pero esta vez los protagonistas dejarán de escribirse en masculino para dar lugar a una nueva épica que tendrá como centro a Emilia Pardo Bazán…
1 Emilia Pardo Bazán. La educación del hombre y de la mujer. Su relación y diferencias (Memoria leída en el Congreso Pedagógico el día 16 de octubre de 1892). En Antología del feminismo. Introducción y comentarios por Amalia Martín-Gamero, editorial Alianza, Madrid, 1975, página 154.
2 Emilia Pardo Bazán. La educación del hombre y de la mujer. Su relación y diferencias (Memoria leída en el Congreso Pedagógico el día 16 de octubre de 1892). En Antología del feminismo. Introducción y comentarios por Amalia Martín-Gamero, editorial Alianza, Madrid, 1975, página 152.
3 Emilia Pardo Bazán. Una opinión sobre la mujer. El discurso del marques del Busto en la Academia de Medicina. En Antología del feminismo. Introducción y comentarios por Amalia Martín-Gamero, editorial Alianza, Madrid, 1975, páginas 157 y 158.
4 Vida y obra de Emilia Pardo Bazán, Carmen Bravo-Villasante. Editorial Magisterio Español, Madrid, 1973.
Nota:
La Historia de Emilia Pardo Bazán continuará en el próximo número de Foeminas.
Micaela Fernández Darriba