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Viajeras
Esta es una sección íntegramente dedicada a los viajes, las percepciones y las experiencias que se derivan de éstos a través de una mirada femenina. Tiene el objetivo de conocer lugares nuevos y reconocernos a nosotras mismas a partir de la temática del viaje. Si has realizado algún viaje en tu
vida ya sea real o imaginario, cercano o lejano, concreto o metafórico
y deseas compartir la experiencia...entonces envía un email a:
BOLIVIA
El viaje en avión no tuvo grandes sobresaltos, pero lo que no podré olvidar de mi primer día en el altiplano es el impacto que me causó la altura. Aterrizamos a minutos de La Paz, en el aeropuerto internacional de El Alto, que con más de cuatro mil metros de altura hace merecido honor a su nombre. Las siguientes veinticuatro horas no hice más que descansar en el hotel, beber infusión de coca, y cumplir con todas las recomendaciones que se prescriben a los turistas afectados por el soroche, palabra que localmente designa al mal de altura o apunamiento. Hasta anudarme los cordones de los zapatos resultaba una tarea titánica. Ni hablar de cargar mi mochila de viaje. Pero el primer inconveniente no opacó en nada la magnífica experiencia que paso a relatar: Al día siguiente, ya repuesta y entusiasmada, cogí el autobús hacia Oruro, ciudad famosa por su actividad minera y por su Carnaval, uno de los más hermosos de América Latina, y probablemente del mundo. Al menos eso opinamos Lucía, mi amiga y compañera de viaje, y yo. No creo estar muy errada, considerando que la UNESCO lo ha declarado Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. El sábado tiene lugar la imponente entrada del carnaval, en la que los grupos folklóricos presentan sus coloridos trajes, bailes y bandas musicales, dedicados a la Virgen del Socavón, protectora de los mineros. El culto ancestral a la Pacha Mama y el catolicismo, arraigado durante cinco siglos confluyen para dar lugar a esta exultante expresión popular que es el carnaval. Los conjuntos son precedidos por una estatuilla de la virgen que viaja sobre un carro ornamentado con vajilla de plata. La siguen las comparsas, y detrás las bandas musicales acompañan y animan el espectáculo. El festejo tiene un condimento adicional, a mi gusto no menos gratificante: volvimos a sentirnos como niñitas arrojando y recibiendo globos de agua y jugando con aerosoles de nieve. Para esta actividad, es menester vestir unos prácticos chubasqueros, que se consiguen por unas monedas en cada calle de la ciudad. Volviendo a los conjuntos de danzarines, cada uno de ellos hace referencia a distintos aspectos de la historia y tradiciones andinas: La Diablada escenifica la lucha entre el bien y el mal, y sus integrantes representan al Arcángel Miguel, Satanás, la diablesa China Supay, y una corte de diablos, entre otros. La Morenada tiene su origen en el tráfico de esclavos negros en la época de la colonia. El baile del Tinku, caracteriza la belicosidad y virilidad en los enfrentamientos personales. Existen otros conjuntos, como Caporales, Llamerada, Suri Sikuris, Indios Tobas, etc., que también tienen relación con la tradición histórica y popular del altiplano. Ese mismo día los conjuntos hacen su segunda entrada por las calles de la ciudad, y la fiesta vuelve a empezar. Cristina Guerra Ezquerdo
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