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Galería de Arte

Diana Dowek



Este nuevo número de Foeminas recupera parte de las investigaciones desarrolladas en el número anterior en torno a la violencia ejercida sobre las mujeres. Por ello, nuestra Galería de arte expone la obra de una mujer que ha trabajado estos temas, incluso en situaciones históricas que ponían en riesgo su propia integridad.
Diana Dowek (1942) es una artista argentina que posee en la actualidad un notable reconocimiento, que se debe a su trabajo y principalmente a su coherencia. Hemos realizado un recorte en base a su obra y a su trayectoria como ejemplo de una postura ética y estética extendida a lo largo del tiempo.
Según la pensadora Susan Sontag el arte, a partir de sus características intrínsecas, satisface una demanda moral relacionada con la capacidad de despertar sentimientos en la espectadora y en el espectador. Esos elementos son parte de una respuesta moral ante la vida, ya que la experiencia estética es transformadora.
En este sentido, la obra de arte no es sólo expresión de ideas, de posturas éticas sino fundamentalmente un objeto que modifica nuestra experiencia profundamente apática.
De esta manera, Sontag define al arte como una “terapia de choque” para abrir los sentidos. El arte violenta y es frustrante al proponer ese desconcierto.
Esto es precisamente lo que demuestra esta obra y su perseverante recuperación, a través de la representación femenina y de la memoria colectiva.
En este sentido, Diana Dowek desarrolla su obra desde una clara posición de género y una fuerte impronta que incluye metáforas sobre la violencia, que a su vez contribuyen a partir de esta “terapia de choque”, a su posterior eliminación.

Una mirada sobre la violencia y la mujer

Diana Dowek siempre exploró las diferencias sociales y sexuales y las injusticias que derivan de ellas. En una de las tantas entrevistas realizadas la artista explicita: “(…) Creo que cuando la actitud que tiene el artista frente a la vida se refleja en la obra, esta se vuelve coherente. En mi, casi no se trata únicamente de estar con los desposeídos, los perseguidos. Mi posición es la de acusar al poder, su decadencia y corrupción, la represión”1.
Entonces, y a partir de la identidad de género, Dowek recorre un universo que se vincula a la realidad histórico-social de su país y a su propia cotidianeidad. Por eso puede darse el pasaje desde las obras que narran las violaciones de la dictadura hasta el actual e inédito retrato de Romina Tejerina2. Desafortunadamente, existe una conexión irrefutable entre derechos de ciudadanía y suspensión de los mismos, ya que para las mujeres la legislación no alcanza a subsanar las desigualdades entre los sexos.
Los recuerdos de la infancia y de las inequidades vividas aparecen en la obra de la pintora de manera contundente. Así lo deja entrever el cuadro denominado La muñeca, detalle, 1978 en donde aparece una muñeca aprisionada por unos alambres que remiten a la censura, a la represión de la infancia, al recuerdo de lo prohibido.
De esta manera, la artista expresa en el lienzo lo que refuerza con sus palabras: “Siempre me interesaron los problemas de mi país, como nación, porque desde mi infancia conviví con dictaduras, represión, golpes de Estado, etc.”3. Sin embargo, esto no la llevó a descuidar los problemas de la humanidad. Entre sus preocupaciones figuran las guerras: Vietnam, Irak, Medio Oriente, el hambre, las inequidades, etc.
Desde que comenzó a pintar Diana Dowek estuvo vinculada políticamente y consciente de ello su obra está envuelta en metáforas que tienen tomada una posición social. Pero, fundamentalmente esta obra se relaciona con la violencia que sufrieron las mujeres a lo largo de la historia y específicamente durante la dictadura militar argentina (1976-1983). De allí en más, la artista se convirtió en artista que testimonia utilizando como medio el lenguaje de la representación plástica.
“La mujer fue doblemente víctima durante el proceso4 primero por ser mujer política y segundo por ser mujer. Por eso fue doblemente humillada y después, como si fuera poco, les arrancaron a sus hijos.
Después que terminé la serie de las heridas en la que trabajaba con la tela rota, rompiendo la tela, descubrí que se me aparecían campos operatorios y cuando producía el corte a partir del alambre se convertían en situaciones muy abstractas que se transformaban en cuerpos y esos cuerpos eran de mujeres. Esos cuerpos se llenaron de heridas y esas son finalmente las heridas del proceso. El tema de la mujer en la época de la dictadura para mí fue muy importante. Después esas mismas telas se convirtieron nuevamente, transformándose en los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo”5.
Desde esta perspectiva solo se observa continuidad temática sostenida en la postura de la artista que llega con intacta constancia hasta nuestros días.
La crítica de arte Ana de P. Quiroga expresó: “Diana inquiere, interroga a la materia, a las texturas. Las penetra y desgarra, como si lo hiciera en el tejido social, buscando bajo las vendas, entreabriendo las suturas. Encontrará así la realidad de los cuerpos y sus heridas. Datos últimos e irreductibles testimonios de sí mismos, de una historia subterránea de heroísmo y de flaqueza. (…) en Las heridas del proceso nos revela, con la potencia de la imagen, lo sabido, lo presentido, pero no visto.
Muestra la carne lacerada, las huellas de la tortura. Y elige para hacerlo un cuerpo de mujer en el que la desnudez no es libertad ni goce, sino humillación, preanuncio de la muerte, símbolo del estar la víctima a merced del victimario”6.
En este sentido, la obra de Dowek se transformó en una expresión visual y espacial de la historia argentina, de sus desapariciones, de las injusticias y de la desgarradora experiencia de la mujer.

 

1 Moira Soto en La artista constante, Las 12, Diario Página/ 12, 8 de julio de 2005.
2 Romina Tejerina es una joven jujeña (Jujuy es una de las Provincias más pobres de Argentina y donde existe la mayor brecha entre ricos y pobres). Tejerina quedó embarazada como resultado de una violación por parte de un vecino, hecho que no denunció, como no lo hacen 9 de cada 10 mujeres por miedo y por vergüenza de ser puestas bajo sospecha. Ocultó ese embarazo y cuando finalmente se produjo el parto en el baño de su casa, en estado de shock y bajo emoción violenta, asesinó al bebé.
El caso Tejerina es muy controvertido, ya que está en juego la vida de un recién nacido. No obstante, la “justicia” condenó a la joven por este hecho, mientras que el violador sigue libre.
Por otro lado, a este hecho debe sumarse que el aborto en Argentina está penalizado, con lo cual cualquier Juez o Jueza hubiera obligado a Romina Tejerina a continuar con un embarazo no deseado.
La situación de Romina Tejerina pone al descubierto un sistema social y judicial en el que las culpas recaen siempre sobre las mujeres sin tomar en cuenta los condicionamientos.
3 Entrevista realizada a Diana Dowek en su estudio, 29 de junio de 2006.
4 La palabra proceso remite al Proceso de reorganización nacional denominación que la dictadura argentina (1976-1983) utilizó para explicitar su plan.
5 Entrevista realizada a Diana Dowek en su estudio, 29 de junio de 2006
6 Ana de P. Quiroga en Diana Dowek en el Museo Nacional de Bellas Artes, Museo Nacional de Bellas Artes edición, Buenos Aires, marzo de 2001, página 24.

Micaela Fernández Darriba

 


Las heridas del proceso



Las heridas del proceso, 1985
130 x 140 cm



La muñeca, detalle, 1978
110 x 120 cm



Argentina 78, 1977



Pintar la pintura, 1980



Madres de Plaza de Mayo



Romina Tejerina