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Las fronteras que cruzan las mujeres migrantes


Estefanía Veira

En los últimos años las mujeres migran, mayoritariamente, según un patrón autónomo y no asociativo, entonces lo recurrente es la mención de la feminización de las migraciones, una conceptualización amenazada por el vacío de contenido si no se deconstruye analizando también, sentimientos, emociones y sistemas de sociabilidad. Si las mujeres han sido invisibilizadas en los estudios migratorios, parece difícil el análisis de esta otra forma de migrar desde modalidades y miradas que, aún desde un enfoque de género, no se despojan de prejuicios y ortodoxias propias del modelo hegemónico, y no involucran el mundo de la intimidad y de la cotidianeidad.

Ellas llegan a esta Ciudad (Buenos Aires) desde diferentes lugares de América, como otras lo hicieron antes desde Europa, dejando parientes, paisajes, olores, colores, sabores, amores; entonces no tomar en cuenta la diversidad cultural y el impacto diferencial por género de la migración, es una forma de violencia simbólica.

Este trabajo intenta reflexionar sobre algunas formas de relaciones que tejen estas mujeres en la interacción entre los sistemas de desigualdad de género, clase y etnia de la sociedad receptora y de la de origen, considerando especialmente el impacto de la migración en la subjetividad de las mujeres, y en algunas modalidades para reconstruir y resignificar el proyecto migratorio, en el espacio de lo público y de lo privado.

¿Qué implica para las mujeres que migran la transición entre lo perdido y lo hallado? ¿Cómo influyen los sistemas de género? ¿De qué hablamos cuando nos referimos a la feminización de las migraciones? ¿Sirven las estadísticas para dar cuenta de un fenómeno que, si bien es creciente en términos numéricos, implica un alto costo psíquico para quienes lo protagonizan? ¿Cómo hacen para reconstruirse? ¿De la feminización a la generización de las migraciones?

La incorporación del género como categoría de análisis ha enriquecido las perspectivas teóricas, y estas nuevas miradas sobre las situaciones que atraviesan mujeres y varones al migrar esclarecen aspectos poco abordados en los estudios clásicos: las relaciones de poder, de género y la división sexual del trabajo estructuran los procesos migratorios.

Tradicionalmente se ha adjudicado la decisión de las mujeres de migrar al objetivo de la reunificación familiar, estableciendo la clásica dicotomía entre producción y reproducción en tanto la migración del varón es caracterizada como económica, inserta en el espacio de lo público. Es decir, los varones tendrían motivaciones de índole social, económica o política, mientras que las motivaciones de las mujeres al mantenerse dentro del espacio de lo privado, se instalarían también en el lado menos valorado de este par dicotómico que no solo diferencia, sino que también jerarquiza. Entonces estas motivaciones no son objeto de un estudio científico o un análisis específico.

Si ahora muchas mujeres migran solas y son razones de índole económica las que impulsan esta decisión, uno de los objetivos es enviar las remesas que sostienen a su unidad doméstica de origen donde hayan quedado hijas o hijos al cuidado de otra mujer de la familia; por lo tanto, el fenómeno universal de la feminización de las migraciones ofrece múltiples variables de estudio y abordaje:

¿Cómo influyen los sentimientos, las emociones, los sistemas de sociabilidad y la diversidad cultural en sus relaciones de intercambio con una sociedad nueva, diferente, atractiva y hostil? ¿La mujeres son más autónomas por el contacto con una sociedad “más moderna”, dejando atrás modos de vida más tradicionales? ¿Son homologables estas situaciones a las que atravesaron otras mujeres que vinieron en otro momento histórico y otros contextos familiares y sociales?

Carmen Gregorio Gil (1996) introduce el concepto de generización de las migraciones para referirse al estudio del fenómeno migratorio desde una perspectiva feminista que analiza el sistema de género como principio organizador de las migraciones.

La feminización de las migraciones alude a un fenómeno creciente en términos numéricos, que puede ser estudiado desde un marco teórico, que podría o no dar lugar a un análisis con perspectiva de género. El cambio en las relaciones de género como consecuencia de la migración es aún un interrogante con más dudas que certezas; para empezar a hallar respuestas debemos problematizar algunas cuestiones, como las modalidades de intervención con las que interactuamos con las mujeres migrantes, entendiéndolo como un colectivo heterogéneo. Siguiendo el planteo de Ana Fernández (1994) se podría decir que La Mujer Migrante es una ilusión producto del conflicto entre los mitos del imaginario social, las teorías androcéntricas sobre la migración y los discursos totalizadores. Existe, entonces, el riesgo de diseñar políticas y otras modalidades de intervención destinadas a la integración de las migrantes pensando en esa abstracción denominada La Mujer Migrante.

Algunas modificaciones podrían darse a partir de acciones e intervenciones no subordinadas al estereotipo y que promuevan el empoderamiento. Esta conceptualización requiere de algunas precisiones. Pensado como procesos de superación de desigualdades de género, son caminos que van de lo personal a lo social, decir empoderamiento es aludir al poder y a la desigualdad, no se trata sólo de mejorar la autoestima, sino de construir estrategias desde el poder interior para tomar decisiones que influyan en ellas y en el mundo externo, devolviéndole sentido a la idea de que lo personal es político.

En la participación social, las mujeres migrantes suelen articular en sus prácticas la realización de acciones concretas con el lenguaje de las emociones, vinculando esta ética del cuidado (Guilligan.1969) con la ética de los derechos, asociando la redistribución al reconocimiento se posibilita una real ampliación de la ciudadanía que incluya la equidad de género.

En las organizaciones de colectividades también es posible observar el creciente protagonismo de las mujeres, que generan espacios de participación dentro de estructuras jerárquicas y patriarcales. Su protagonismo está dado por la movilización, el compromiso, la lucha por mayor igualdad, el acceso a una plena ciudadanía. Pero también porque ponen la mirada en aspectos relacionados con el mejoramiento de la vida cotidiana, situaciones de la intimidad que, de alguna manera, poniéndolas en juego, visibilizándolas, cobran dimensión política. Ponen en marcha, de alguna manera, instancias que tienen que ver con su proyecto migratorio, mejorar sus vidas en el ámbito de lo doméstico y encontrar formas de inserción en el mundo laboral para mejorar también la vida de sus familias.

La mayoría de las mujeres que ocupa lugares de referencia no tenía roles de liderazgo en sus países de origen. Acá asumen un papel protagónico para sus colectividades vecinales y para sus familias: la unidad doméstica local y la que quedó en el país de origen.

Esta autonomía ligada al espacio público no parece operar de igual modo en el ámbito doméstico. Ahí la capacidad de negociación, la tramitación de las relaciones de género, se subordinan al mito fundante de la subjetividad femenina.

Los mitos del imaginario social operan eficazmente en la creación del proyecto migratorio y en la trama vincular, social y laboral en la que las mujeres extranjeras se incluyen. Ni para aquellas que vinieron de Europa dentro de las históricas oleadas migratorias constructoras de parte de nuestra identidad ni para quienes protagonizan actualmente la feminización de las migraciones lo hallado forma parte del sueño que armó el proyecto migratorio. Ha sido necesario reconstruirlo y esta transición entre lo soñado y lo hallado es un camino de obstáculos pero también de recuperación de lo perdido en lo encontrado. 

Se trata de una modalidad reconstructiva de la pérdida. Como sujetos deben hacer activa la pérdida, los cambios, la tristeza, la desubicación, el vacío. Además, esta reconstrucción tiene que llevarse a cabo en una cultura nueva. Es un sentir y es un hacer. Y es un hacer nuevo. En esta tarea de afrontamiento, en este recorrido del desapego a la reconstrucción, se juega casi todo el proyecto migratorio.

Las mujeres siempre fueron parte de los procesos migratorios pero los modelos clásicos de interpretación comprendían al traslado de esta mujeres como dependiente de la migración masculina, la única considerada para el análisis, si venían siguiendo un patrón asociativo, en cadena, después del varón, jefe de familia, se dio por hecho que esta decisión es jerárquicamente menos importante y el análisis de su rol quedó subordinado al del sostenimiento familiar, de las tradiciones, de la reproducción, o sea, fuera de la historia oficial de las migraciones, este aspecto es homologable al tratamiento que se le da al rol de las mujeres en la denominada feminización de las migraciones, desde una perspectiva que no incluya el enfoque de género y el análisis de la subjetividad.

Finalmente, es importante no perder de vista que todas las mujeres hemos sido históricamente extranjeras en nuestros países. (Dolores Juliano. 1997).

De diversas maneras hemos ido creando y recreando espacios de encuentro y de contención desde siempre, algunos de estos espacios son más formales y tienen por objetivo hablar desde la propia voz con un discurso de derechos.

Estas redes de contención y de acción permiten, en muchos casos, desarrollar espacios de autonomía, ir poco a poco modificando algunas relaciones de género. Algunas de estas migrantes encontraron la posibilidad de descubrir que pueden: hallaron también, en esta crisis, una oportunidad.

Las mujeres migrantes han cruzado varias fronteras, los límites geográficos también construidos histórica y socialmente, y algunas otras, atravesando pautas culturales que no propician la autonomía. Para ellas, que son de allá y de acá hay más fronteras a cruzar, son fronteras borrosas o invisibles, de cristal, pero también ponen límites, límites para el acceso a espacios, recursos y oportunidades. Estas fronteras son arbitrarios culturales (Dolores Juliano. 1997) que todas las mujeres debemos atravesar para poder construir un proyecto de vida propio. También para seguir encontrando respuestas y planteando más interrogantes.

 

Cristina Reges

Cristina Reges: ES Licenciada en Psicopedagogía por la Universidad del Salvador. (USAL). Diplomada en Estudios Interdisciplinarios de Género. Programa de Estudios de Género y Subjetividad. I. de Altos Estudios en Psicología y Cs. Sociales. (UCES). Formación de Formadores/as. UNSAM / UNICEF. Coordinadora Proyecto TODAS. -Por la Integración Con Mujeres Migrantes- Área de Desarrollo Comunitario y Género. Dirección General de la Mujer del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Integrante del Equipo del Plan de Igualdad de Oportunidades y de Trato de la Ciudad de Buenos Aires. Responsable del diseño y ejecución de la capacitación para funcionarios /as en igualdad de oportunidades y transversalidad de género. Docente en Género. Género y migración. Historia de las Mujeres. Transversalidad de género en las políticas públicas. Gob. C. A. B. A.

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