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Entrevista a María Naredo Molero(Segunda parte)
“La clave es combatir los diferentes mecanismos de impunidad que siguen presentes en los procesos de violencia de g�nero� María Naredo Molero es abogada e investigadora especializada en cuestiones de género. Además de haber trabajado como abogada de mujeres víctimas de violencia de género, ha desarrollado varias investigaciones sobre la respuesta institucional ante la violencia de género y criminalización de mujeres de etnia gitana. Cuenta con diversas publicaciones en este ámbito. Hasta abril de 2006 fue Responsable del Área de Mujeres de Amnistía Internacional (Sección Española) y coordinadora de la campaña "No más violencia contra las Mujeres" de esta organización. Tras la finalización de esta tarea ha continuado siguiendo las políticas públicas contra la violencia de género en España: ha sido la investigadora de los informes de Amnistía Internacional "Más derechos, los mismos obstáculos", presentado con ocasión del primer aniversario de la plena entrada en vigor de la Ley de Medidas de Protección Integral ante la Violencia de Género y "Hay que actuar a tiempo", sobre la responsabilidad del sector sanitario para hacer presente a la prevención de la violencia y la asistencia a las mujeres. Actualmente compagina los proyectos de investigación con tareas de formación sobre género y derechos humanos. MFD: ¿Cómo deberían ser las leyes para quienes cometen abusos de violencia contra las mujeres: más preventivas o más duras en cuanto a las condenas? MNM: La prevención es la clave. Y cuando hablo de prevención me refiero a varios frentes, todos ellos igualmente importantes. En primer lugar, a la educación de los niños y las niñas a través de la escuela y otras actividades de ocio y aprendizaje, a los medios de comunicación, incluida la publicidad y todo lo relativo a la industria del entretenimiento. En general, los gobiernos siempre gastan menos en este tipo de medidas por ser menos rentables electoralmente al ser visibles solo en el largo plazo, sin embargo estas son las únicas medidas capaces de incidir en la raíz del problema, y en mi opinión deberían ser la prioridad absoluta. En segundo lugar, creo que todas las medidas de equidad de género y de fomento de la autonomía de las mujeres son importantes instrumentos de prevención a los que habría que prestar mucha mayor atención. También considero prevención las medidas de atención a las mujeres que de un modo no explícito está pidiendo ayuda o dando señales de la violencia que sufren. Para trabajar en este tipo de prevención el ámbito sanitario es la clave, porque a diferencia del policial o el judicial es donde acude el grueso de las mujeres que sufren violencia de género. Las y los profesionales de la Salud deberían ser considerados una instancia protagonista en todas las estrategias contra la violencia de género y aún creo que no se ha logrado. A pesar de que desde que se aprobó la “Ley Integral” se está avanzando al respecto, aún queda mucho camino por recorrer y los medios dedicados a este avance deberían ser mayores. Respecto a la sanción como respuesta ante la violencia de género considero que es importante, pero no creo que el cíclico incremento de las penas sea la solución. La clave es combatir los diferentes mecanismos de impunidad que siguen presentes en los procesos de violencia de género. Por ejemplo, que se juzgue únicamente la última agresión por no asesorar adecuadamente a la víctima al presentar la denuncia o por deficiencias en la investigación deja sin sanción muchos casos de violencia habitual o de violencia sexual. Y creo que esto es impunidad. La sustitución de la pena de prisión por trabajos en beneficio de la comunidad que no se cumplen por no arbitrarse el cauce para que existe es posibilidad, también es impunidad; como también lo es el archivo de las actuaciones por falta de diligencia en la investigación. Todos estos aspectos son muy relevantes y tienen relación con que la sanción sea efectiva y proporcionada al delito cometido. A mi juicio ahí es donde habría que trabajar, mucho más que en el incremento periódico de las penas. MFD: Realizaste investigaciones sobre la mujer de etnia gitana, ¿es difícil separar su ambiente cultural de la violencia que sufren por su condición de mujer? ¿Cómo se observa la situación de violencia de la mujer gitana desde la sociedad? ¿Cómo operan los prejuicios raciales hacia ellas? MNM: La cultura machista opera en el caso de la violencia contra las mujeres gitanas igual que lo hace en la violencia que sufren el resto de las mujeres. Es interesante contemplar las agresiones de género como un abuso universal y transcultural porque eso te permite acercarte a las especificidades de la violencia en cada cultura algo más desprovista de prejuicios. Quizá lo que cambia son las expresiones concretas de masculinidad y de feminidad, pero siempre dentro unos patrones comunes. Las mujeres gitanas tienen dificultades para emanciparse y ello se debe por un lado a la mayor rigidez de su cultura respecto a las relaciones de género, pero también a los obstáculos que encuentran en la sociedad mayoritaria donde los prejuicios racistas contra la población gitana siguen absolutamente vigentes. Para abordar la violencia de género entre las mujeres gitanas es esencial que la cultura mayoritaria y sus instituciones les den la voz y el protagonismo a estas mujeres. Como sociedad, lejos de demonizar la cultura gitana en general, hemos de apoyar su proceso desde el reconocimiento de que todas las mujeres sufrimos una discriminación y una violencia común. Que la sociedad mayoritaria y sus instituciones asumieran su importante cuota de responsabilidad en los procesos de emancipación de las mujeres gitanas sería un buen comienzo. MFD: ¿Dónde hay que poner el énfasis para prevenir y combatir la violencia de género? ¿Qué papel juegan los medios de comunicación, la educación, la sociedad? MNM: La violencia de género en las relaciones íntimas y familiares es probablemente la violación de derechos humanos más extendida y con la que con mayor naturalidad convive la sociedad española. Creo que la sociedad tiene un rol esencial en la prevención de la violencia y toda la ciudadanía se debería implicar en la educación de las generaciones del futuro, en la respuesta a los agresores y en el apoyo a las mujeres que sufren estos abusos. Un vecindario comprometido es una fuente esencial de prevención. Como ya he comentado la educación es la única vía de lograr una sociedad que no ejerza violencia de género. Pero para conseguir avances en la vía de la educación hay que invertir mucho más esfuerzo y recursos y, sobre todo, plantear acciones que contemplen la totalidad de las vías por las que educa la sociedad actual. MFD: ¿Cómo reproducen los medios de comunicación el problema de la violencia? MNM: Para analizar el papel que juegan los medios de comunicación ante la violencia de género, es preciso contemplar no solo como ofrecen las noticias sobre este tema, sino también como visibilizan las relaciones de género y si en sus contenidos se muestra un compromiso con la superación de dichas relaciones, sus tópicos y estereotipos. Respecto a la forma de presentar la violencia de género, los medios de comunicación son una suerte “centinelas” de la punta de iceberg de este tipo de abusos, ya que visibilizan los casos de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex-parejas, y esto es muy positivo. Sin embargo, al no contextualizar suficientemente estas agresiones, sus mensajes pueden confundir a la sociedad en el sentido de confundir la parte más visible con la totalidad. La violencia callada, diaria, habitual, la que no sale en los telediarios, y también las pequeñas agresiones machistas que son el caldo de cultivo de la violencia más extrema, deberían ser integradas a la hora de explicar la violencia más brutal. Para ello se debería formar a las y los periodistas en la comprensión de la violencia de género. Creo que entre las y los profesionales de la comunicación se ha avanzado mucho en la comprensión de este grave problema pero aún sorprende que en algunas noticias se siga justificando la conducta del agresor o se presente como “algo inexplicable” por ser el agresor muy amable en el trabajo y el vecindario. Micaela Fernández Darriba
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