Una mujer, un voto (un estudio comparativo sobre el sufragismo entre el Estado Español y Argentina)

Una mujer, un voto (un estudio comparativo sobre el sufragismo entre el Estado Español y Argentina)

Introducción:

Este artículo se propone una aproximación al estudio comparativo entre dos procesos sufragistas bien diferenciados, no sólo en tiempos, sino en contextos sociopolíticos.
La finalidad es comprender qué lugar ocuparon las mujeres en la historia, qué han perdido y qué han ganado en esta lucha por la consagración del derecho al voto. En este sentido, haremos un breve repaso por dos emblemáticas figuras de la política de estos dos Estados y por qué no, dos referentes de la política y de la historia hecha por mujeres.

Acerca de Clara Campoamor Rodríguez

Clara Campoamor, la mujer que hizo posible que las mujeres votáramos en España, nació el 12 de febrero de 1888 en el seno de una familia humilde del madrileño barrio de Maravillas. Por motivos familiares no pudo estudiar, lo que le llevó a desarrollar diversos trabajos antes de acercarse al mundo de la política. A los 21 años entró a formar parte del Cuerpo de Correos y Telégrafos tras aprobar unas oposiciones. Más tarde, también opositando, se convierte en profesora de adultas en el Ministerio de Instrucción Pública, donde solo enseñará taquigrafía y mecanografía al no disponer del título de Bachiller. Trabaja de manera simultánea como mecanógrafa en el Ministerio y en el diario maurista La Tribuna como secretaria del director, Cánovas Cervantes. Será a través de este trabajo que Clara comience a descubrir su pasión por la carrera política. Así, a los 34 años, obtiene el título de Bachiller y con 36 se licencia como abogada, una de las primeras de todo el Estado.

Los orígenes del voto femenino en España

Transcurre en España el verano de 1907 cuando con motivo del debate parlamentario sobre la reforma electoral empiezan a sonar campanas de renovación y dos grupos minoritarios presentan en el parlamento enmiendas en favor del voto femenino. Es cierto que ninguna de las propuestas plantea el voto en igualdad de condiciones entre hombre y mujer, y que sólo nueve diputados votarán a favor, pero este hecho permitiría que se encendieran los motores para que un año más tarde siete diputados republicanos volvieran a la carga proponiendo una nueva reforma: “podrán votar en las elecciones municipales - pero no ser elegidas - las mujeres mayores de edad emancipadas y no sujetas a la autoridad marital”. Veinte votos harán que la propuesta sea rechazada de nuevo. No obstante, y aunque estas propuestas no pudieron seguir adelante, son muchos los medios de comunicación que dan valor a esta avanzadilla por la democracia publicando textos relacionados con el “voto femenino”.
Durante estos años, tendrá lugar además la aparición de múltiples asociaciones de mujeres que luchan por sus derechos como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), la Liga para el Progreso de la Mujer, la Unión de Mujeres de España (UME), etc. y es que en aquel momento el voto femenino constituía ya un importante elemento del debate público.
En noviembre de 1919, el diputado conservador Burgos Mazo presentó un nuevo proyecto de ley electoral; este otorgaba el voto a: “todos los españoles de ambos sexos mayores de 25 años que se hallen en el pleno goce de sus derechos civiles” incapacitando, eso sí, a las mujeres para ser elegibles, además establecía dos días para celebrar los comicios, uno para los hombres y otro para las mujeres. Sin embargo, este nunca llegaría a debatirse pues el golpe de Primo de Rivera el 13 de septiembre de 1923 acabaría con el primer intento de avance de este proyecto.

Clara Campoamor y el voto de la mujer

Después de que Alfonso XIII abandonara su trono y tras el triunfo de la República, se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes y aunque solemos leer que la República dio el derecho al voto a la mujer, no fue todo color de rosa.
La II República supuso un retroceso frente al derecho de voto femenino parcial otorgado por Primo de Rivera, pues es cierto que en 1931, la mujer pudo ser elegida pero no electora. Es en este momento en el que Clara Campoamor sale elegida diputada en las listas del Partido Radical, que sigue su ideal político: es republicano, liberal, laico y democrático. Como diputada pelea por la no discriminación por razón de sexo, la igualdad legal de los hijos e hijas, dentro y fuera del matrimonio, el divorcio y en especial por el triunfo del voto femenino.
En este momento la izquierda, exceptuando un grupo de socialistas y varios republicanos, no quería que la mujer votase porque su cercanía a la Iglesia podía dar el triunfo a la derecha, ésta, que aunque no estaba de acuerdo con que “ellas” votasen, lo aprobaba porque creía que podía salir favorecida políticamente.
Estando así las cosas, el partido Radical Socialista enfrentó a Clara Campoamor en un arduo debate con la diputada Victoria Kent, esta última en contra del voto femenino. Campoamor saldría victoriosa del debate, y a pesar de no contar con mayoría en cuanto a votos, obtendría el apoyo de la minoría derechista, la mayoría del PSOE y de algunos republicanos, no sin polémicas, incluso en el parlamento, tras ser aprobado el famoso artículo 34 que daba a las mujeres el derecho a votar.
Tras estos hechos, en una nueva ocasión Victoria Kent y los radicales intentaron arrebatarle el triunfo a Campoamor a través de una enmienda constitucional, pero Clara desestimó este hecho. A pesar de ello, aún habría un último intento de impedir el voto femenino por el que Clara Campoamor luchó siempre: fue cuando la derecha abandonó el Parlamento por la Ley de Congregaciones. Con esta enmienda se pretendía que la mujer no pudiera actuar en elecciones legislativas hasta que se hubieran celebrado, por dos veces, elecciones municipales, retrasando así el “sufragio universal”. Clara Campoamor ante aquella enmienda, tal y como ella misma afirmaría, adoptó una defensa de la mujer a través de la defensa de la Constitución, de una manera tan loable que le valió de nuevo la victoria por solo cuatro votos.

Apoyándose en el PSOE y en algunos republicanos de derecha, derrotó a los socialistas de Prieto y a los republicanos de su propio partido, el Radical, el Radical Socialista y el de Azaña; esto supuso un gran escándalo político que degeneraría finalmente en el hecho de que en el año 1933 la CEDA (Confederación española de derechas autónomas) ganara las elecciones y Lerroux formara gobierno. La derecha achacaría esta victoria a Clara Campoamor, que después de esto no consiguió renovar su escaño y comenzó a partir de aquí un periplo que la llevaría a la decrepitud política.

Clara decide abandonar al año siguiente el Partido Radical, entre otros motivos por su subordinación a la CEDA, y cuando en el 34 solicita ingresar en Izquierda Republicana no solo le abren expediente sino que además votan en público su admisión, que fue denegada para su humillación.
A pesar de que el Frente Popular ganó las elecciones gracias al voto femenino que Clara Campoamor consiguió para todas las mujeres, ella no consiguió entrar en las listas. Es en ese momento, en el año 1935, cuando Clara Campoamor publica con valentía uno de los libros de política más interesantes escritos en España: Mi pecado mortal. El voto femenino y yo, en el que cuenta todos sus avatares para llevar a cabo la consecución parlamentaria del sufragio universal.

El inicio de la guerra la hizo huir de Madrid ante el miedo a ser paseada por los republicanos con los que ella misma había luchado. Vivió en París y más tarde en Buenos Aires donde se hizo traductora y conferenciante, además de biógrafa de Concepción Arenal, Sor Juana Inés de la Cruz y Quevedo.
Clara Campoamor quiso volver a España a finales de los años 40, pero corría serios riesgos de ser encarcelada.

En 1955 se instaló en Lausanne (Suiza), trabajando en un bufete hasta que perdió la vista. Murió de cáncer, triste y en total soledad en abril de 1972.

Sobre María Eva Duarte

Las circunstancias que llevaron a Eva Perón a ocupar el lugar que ocupó en la historia fueron bien diferentes a las de Clara Campoamor. Aunque ambas eran de origen humilde, Campoamor logró licenciarse en Derecho a la edad de 36 años. En cambio, Eva Perón era una mujer que se interesó por la actuación y el espectáculo y esto repercutió negativamente en el contexto de una sociedad sumamente prejuiciosa. Además, María Eva Duarte, que había nacido un 7 de mayo de 1919 y había recibido una escasa formación intelectual, con muy poco dinero migró desde el interior a la capital (Buenos Aires) con la ilusión de convertirse en actriz.

Otros de los prejuicios con los que cargó Eva Perón fue con el de ser hija natural, hecho que marcó hondamente su vida.
En aquella época, la ley argentina establecía una serie de calificativos discriminatorios para las personas cuyos padres no habían contraído matrimonio legal, genéricamente llamados hijos ilegítimos. Una de ellas era la de hijo adulterino, circunstancia que se hacía constar en la partida de nacimiento de los niños y niñas. Ese era el caso de Evita, quien en 1945 logró que se destruyera su partida de nacimiento original para intentar eliminar ese estigma.
Cuando Eva Perón llega al poder con el triunfo de su marido, logra impulsar leyes antidiscriminatorias con el fin de igualar a las mujeres con los varones en derechos y a las niñas y niños entre sí.
Por otro lado, cabe destacar que, a pesar de que muchas mujeres dentro del movimiento feminista lucharan desde los años 20 por la instauración del voto femenino, Eva Perón reuniendo el poder de los sectores populares y con la oposición de la derecha, la Iglesia y aún de las propias feministas, consigue ese derecho en el año 1947.

Los orígenes del voto femenino en la República Argentina

Es imposible separar la historia política de Eva sin Perón y lo mismo pero a la inversa. Eva Perón, a diferencia de Clara Campoamor, era una mujer con marido, respaldada por un aparato político y militante que el matrimonio había sabido construir.
Evita no era como Clara Campoamor una política de raza, ella se formó junto a Perón y así lo sostiene en La razón de mi vida:

“Este libro ha brotado de lo más íntimo de mi corazón. Por más que, a través de sus páginas, hable de mis sentimientos, de mis pensamientos y de mi propia vida, en todo lo que he escrito, el menos advertido de mis lectores no encontrará otra cosa que la figura, el alma y la vida del general Perón y mi entrañable amor por su persona y por su causa.”

No obstante, hay quienes afirman que el voto femenino era absolutamente funcional al partido peronista, ya que Eva Perón si bien se identificó con la lucha de las mujeres por sus derechos, jamás reivindicó feminismo alguno, más bien todo lo contrario. Así lo expresa también en La razón de mi vida:

“Confieso que el día en que me vi ante la posibilidad del camino `feminista` me dio un poco de miedo. ¿Qué podía hacer yo, humilde mujer del pueblo, allí donde otras mujeres, más preparadas que yo, habían fracasado rotundamente?
¿Caer en el ridículo? ¿Integrar el núcleo de mujeres resentidas con la mujer y con el hombre, como ha ocurrido con innumerables líderes feministas?
Ni era soltera entrada en años, ni era tan fea, por otra parte como para ocupar un puesto así...que, por lo general, en el mundo, desde las feministas inglesas hasta aquí, pertenece casi con exclusivo derecho a las mujeres de este tipo...mujeres cuya primera vocación debió ser indudablemente la de hombres.”

Eva Duarte y Juan Domingo Perón

Eva Duarte y Perón se conocen en 1944, desde allí se traza una alianza política y matrimonial que conduce definitivamente, entre otras cosas, a otorgar el sufragio a todas las mujeres de Argentina.
La carrera política de Eva se inicia a partir del matrimonio con Perón. Ella hizo su primera incursión acompañándole en la campaña electoral con vistas a las elecciones del 46. Aunque tiene sus antecedentes, cuando funda junto a otros actores y actrices, que en ese momento eran sus colegas, la Asociación Radial Argentina. En esa oportunidad se erige como defensora de los intereses de los trabajadores y trabajadoras de la radiofonía.
Esto resultó algo sumamente inusual en el contexto de la política argentina, nunca una mujer había asomado tanto la cabeza y había tenido poder en el país.

Desde el año 1943, Perón venía proponiendo el voto femenino, pero la Asamblea Nacional de Mujeres presidida por Victoria Ocampo, una influyente feminista, y sectores conservadores se oponían a este reclamo por considerarlo una estrategia política.

“Millones de mujeres saben que está dentro de nuestra voluntad, y al alcance de nuestras manos, la conquista del derecho supremo que la Constitución acuerda a los ciudadanos del país, excluyendo justificadamente en su época, la coparticipación cívica de la mujer.
Millones de mujeres saben, asimismo, que la madurez espiritual del ama de casa, el recio brillo intelectual de las docentes, que el dinámico esfuerzo expansivo de las obreras de las fábricas, que la cultura general de la empleada y la épica batalla diaria de la chacarera, junto a su hombre y a su hijo están postulando, decisivamente, la confirmación legislativa de un derecho natural, que ha ido enraizado hasta lo profundo en el ánimo de todas ellas: el voto femenino, la facultad de elegir y de vigilar, desde la trinchera hogareña el desarrollo de esa voluntad, que se ha convertido así, más que en una aspiración, en una exigencia impostergable.”

El 27 de febrero de 1946, tres días después de las elecciones que adjudicaron el triunfo a Perón-Quijano, Evita pronunció un discurso, el primer discurso político y masivo en el que una mujer reclamaba la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y en concreto el voto femenino. Inmediatamente después de la asunción de Perón fue presentado el proyecto de ley.

Es sabido que Eva Perón presionó constantemente a los parlamentarios para que sancionaran la ley y por esto recibió enormes críticas.
Finalmente, la Cámara de Diputados sancionó el 9 de septiembre de 1947 la ley 13.010 en la que se establecía por unanimidad el voto universal en Argentina.

El golpe militar de 1955 derogó la Constitución y con ella las leyes que favorecieron a las mujeres, entre ellas el sufragio femenino.

El movimiento sufragista en Argentina tuvo una escasa fuerza y es obviamente anterior a Eva Perón, pero ella logró superar todas las barreras sociales y llegó a ser nombrada por la historia como la instauradora de ese inalienable derecho.
Mientras Clara Campoamor debió enfrentarse a su propio partido para ser luego aplastada por una terrible dictadura, el voto femenino de Eva Perón logró reconocimiento pleno, a excepción de las sucesivas dictaduras militares donde ni hombres ni mujeres pudieron vivir en democracia.

Cristina Corral Soilán
Micaela Fernández Darriba

 

Bibliografía

www.almendron.com/historia/contemporanea/sufragismo/sufragismo

joseantoniobru.blogspot.com/2007/03/de-emmeline-pankhurst-clara-campoamor

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El voto femenino y yo. Mi pecado mortal. Colección La cosecha de nuestras madres, Madrid: Horas y HORAS la editorial, 2006.

Varela, Nuria, Feminismo para principiantes, Ediciones B, Barcelona, 2005.

Duarte de Perón, María Eva, La razón de mi vida, Ediciones Boyacá, Buenos Aires, 2006.