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Historia de mulleres:
Homenaje a las mujeres trabajadoras gallegas
(Primera parte)

Luz Darriba "Mulleres traballadoras galegas"
Luz Darriba "Mulleres traballadoras galegas"

Cada vez se hace más difícil condensar en una historia la lucha y el trabajo de miles y miles de vidas que desde el pasado contribuyen a la constitución del presente. En la actualidad, sabemos que la situación de las mujeres en el mercado laboral continúa siendo difícil y más si a esto se le suma la terrible crisis que está afectando al mundo entero. Analizar el pasado, ver cómo mujeres individuales o integradas en un grupo fueron derribando uno a uno todos los obstáculos que le impedían lograr sus objetivos, es una forma de comprender nuestro día a día. Por eso, este número pretende reunir un conjunto de historias de mujeres gallegas y su relación con el trabajo en la modernidad. De alguna manera, esta suerte de condensación de todas ellas intenta ser nada más y nada menos que un homenaje y un reconocimiento de sus logros y progresos.

El comienzo del trabajo asalariado

La historia del trabajo de las mujeres en Galicia se remonta al inicio del mismo, ya que se sostenía por una agricultura primaria basada en la propiedad campesina sostenida por la mano de obra del núcleo familiar. La demanda permanente del trabajo rural producía que las mujeres trabajaran prácticamente a la par de los hombres diluyendo la antigua división sexual de roles: el hombre fuera y la mujer dentro del hogar. El trabajo que realizaban (diversificado, sacrificado, etc.), las mujeres gallegas las convirtió en no pocas ocasiones en el eje central de la economía. Desafortunadamente, se posee poco registro documental de ese proceso y por ello fue invisibilizado. Sin embargo, existen indicios que pueden dar fe de esta situación. Uno de ellos es la emigración masculina que obliga a las trabajadoras a asumir las tareas que ya le eran asignadas por su condición de género y las de su marido.

 

En el libro Trabajos duros de la mujer  Eliseo Bayo dedica el capítulo más extenso a la  mujer gallega. De esta afirma, `la mujer gallega de las aldeas del mar y del interior ha sido un rehén de su tierra. Los hombres emigran, sueñan desde niños con encarnar en ellos la aventura con final feliz de los indianos que regresaban triunfantes (…) Las mujeres no permanecieron con los brazos cruzados esperando el cambio de su situación con el regreso de los emigrados, sino que los reemplazaron desde la primera faena hasta la última. (Valle Regueiro 36)

 

En este sentido, es interesante subrayar el papel fundamental que ha tenido la mujer en la emigración, ya que las mujeres no sólo permanecieron al cuidado de sus casas, sino que también, emigraron solas u acompañadas, adaptándose a las nuevas condiciones laborales del país, ciudad o región que las recibía.

Durante el siglo XIX y en plena transformación del trabajo, especialmente del asalariado, se acentúan las contradicciones que mantenían a las mujeres en un lugar de absoluta responsabilidad y sacrificio, pero dentro del hogar, al cuidado de su familia. El discurso religioso propio del régimen anterior se ve desbordado con la incorporación del colectivo femenino al trabajo asalariado. Todo proceso histórico lleva indefectiblemente un correlato social y cultural que lo acompaña y en este contexto el nuevo relato de la modernidad y del iluminismo comienza a gestar la conformación de la primera ola del feminismo.

En Galicia, además de ciertas voces masculinas que contribuyeron a reivindicar a las mujeres como la del Padre Benito Jerónimo Feijoo, el también religioso Martín Sarmiento o Vicente do Seixo, en el siglo XIX, se hicieron claros los ejemplos de las mujeres que se comprometieron con la tarea de igualar a los géneros; como Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán. Los cambios abruptos de la modernidad tardía aceleraron las demandas políticas que reclamaban que las mujeres gozaran de los mismos derechos ciudadanos que los hombres. De más está decir, que ello comprendía el derecho a la educación y al acceso al trabajo en la esfera pública.

 

Que en España no haya habido, hasta la muerte de la dictadura franquista, un sufragismo fuerte ni un gran movimiento de mujeres no quiere decir que históricamente no hubiera pequeños grupos organizados ni mujeres rebeldes que se negaran a vivir un destino no deseado, diseñado por otros para ellas. La gallega Concepción Arenal fue la primera que disfrutó de la reclamación por excelencia de todas las feministas: educación superior. Concepción Arenal nació en El Ferrol (La Coruña) en 1820 y decidió que estudiaría derecho en la Universidad de Madrid. Para ello, se vistió de hombre y acudió como alumna oyente. Teniendo en cuenta que la abolición definitiva de la Inquisición se produjo en 1934, lo de Concepción Arenal fue más que un acto de rebeldía. (Varela 134)

 

Concepción Arenal, no sólo creyó que ella debía recibir una educación igual a la de los hombres, sino que sostuvo a través de sus libros este argumento para el resto de las mujeres, haciendo de su propia vida un ejemplo a seguir.

 

En 1860 escribió La beneficencia, la filantropía y la caridad, obra de tal envergadura que mereció el Premio de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. La presentó a concurso con el nombre de su hijo Fernando, al sospechar que los académicos no iban a conceder el galardón a una mujer. Académicos y público se quedaron pasmados cuando fue a recoger el premio un niño de diez años, cogido de la mano de su madre. Aunque lo intentaron, ya no podían echarse atrás, así que concepción Arenal se convirtió en la primera mujer premiada por una Academia. (Varela 134)

 

En 1969 sale a luz La mujer del porvenir,  una pieza clave de Arenal donde cuestiona el discurso dominante sobre el género femenino, al mismo tiempo que exige igualdad ante la ley, el trabajo, la educación, en definitiva ante la vida. Concepción Arenal además de teorizar sobre la situación de inferioridad a la que estaban siendo sometidas sus pares, también se destacó por ser una auténtica trabajadora como  escritora, periodista, especialista en leyes y pensadora (actividad de amplio reconocimiento en el hombre burgués).

Emilia Pardo Bazán, otra mujer de las letras y del pensamiento, que había compartido con Concepción Arenal ciertos ideales sobre la mujer. Bazán se inspiró para sus artículos, conferencias y acciones en La mujer del porvenir de su coterránea.

 

Repito que la distancia social entre los dos sexos es hoy mayor que era en la España antigua, porque el hombre ha ganado derechos y franquicias que la mujer no comparte…
Cada nueva conquista del hombre en el terreno de las libertades políticas, ahonda el abismo moral que le separa de la mujer y hace el papel de ésta más pasivo y enigmático.
Libertad de enseñanza, libertad de cultos, derecho de reunión, sufragio, parlamentarismo, sirven para que media sociedad (la masculina) gane fuerzas y actividades a expensas de la media femenina… (Pardo Bazán 157-158)

 

Emilia Pardo Bazán se había convertido en toda una profesional con un oficio liberal al igual que los hombres. Bazán era al igual que Arenal una trabajadora en su faceta de novelista, periodista, crítica o ensayista. Su lugar se lo había sabido ganar con creces y su aporte resultó fundamental para la emancipación de las mujeres.

 

Fue Pardo Bazán la primera mujer en recibir una cátedra de Literatura en la Universidad Central de Madrid –que nunca pudo ejercer-, y la que más sacó los colores a la Real Academia Española. La institución era un cortijo masculino en el que se hacía y decidía sobre la lengua de todos y todas. Por sus respuestas ante la peticiones de ingreso, parece que el conocimiento, saber y reconocimiento de las mujeres no le importaba lo más mínimo. Antes que Pardo Bazán ya habían intentado entrar Gertrudis Gómez de Avellaneda y Concepción Arenal. Ninguna lo consiguió.

(…) Pero ninguna aspirante fue tan explícita como Pardo Bazán: <<Que se otorgue al mérito lo que es sólo del mérito y no del sexo>>”. (Varela 136)

 

Emilia Pardo Bazán, no sólo dejó plasmado en sus ensayos su postura sobre las mujeres y la igualdad que debían tener en la educación y en el trabajo para que una sociedad fuera absolutamente democrática, también escribió ficción en la que exponía los problemas que sorteaban las mujeres día a día. Uno de los cuentos más ejemplificadores de Bazán es “Las medias rojas”, que describe a un joven personaje femenino llamado  Ildara. Ildara es una chica de origen muy humilde que vivía con su padre en una apartada zona de la provincia de A Coruña y debía ayudarlo en las pesadas tareas rurales. “Las medias rojas” es un relato perteneciente al género naturalista que aborda el tema de la pobreza, de la sumisión de las mujeres, del autoritarismo paterno, de la violencia de género, de la violencia familiar y fundamentalmente de la falta de posibilidades de las mujeres. En otros de sus cuentos “El encaje roto” la escritora coruñesa aborda el problema de la violencia machista, el matrimonio y la dominación. Por eso, Bazán apela tanto a la emancipación de la mujer a partir de la educación y de la independencia económica ligada al trabajo remunerado fuera de la subordinación conyugal.

La academia, la educación, el reconocimiento laboral y profesional fue un importante obstáculo para las mujeres trabajadoras gallegas. Un ejemplo claro de esto es la incorporación irregular y tardía de la escritora coruñesa Francisca Herrera Garrido a la Real Academia Galega. El 4 de marzo de 1945, Francisca Herrera Garrido con 76 años accede a la Academia como miembro numerario para cubrir la vacante de Lisandro Barreiro. Ella escribe su discurso de ingreso en abril y lo envía al presidente Manuel Casás. Casás demora dos años en enviar a Antonio Couceiro Freijomil la redacción de la respuesta confirmando el ingreso. Dos años más tarde Couceiro Freijomil le envía finalmente la respuesta a Francisca que ya contaba con 80 años de edad y estaba demasiado enferma por lo que muere antes de poder asumir ese cargo. En este sentido, puede decirse que todas las mujeres trabajadoras se han destacado por continuar luchando por su profesión, por su trabajo y por su reivindicación, intentando compatibilizar en muchos casos la vida familiar con la vida laboral. En todas, más allá de su reconocimiento indiscutido como el caso de Rosalía de Castro y de lo que hayan tenido que luchar por el mismo, existe un denominador común que es enfrentar su tarea cotidiana con el doble de esfuerzo y trabajo que los hombres.

Micaela Fernández Darriba

 

Continuará en el próximo número de Foeminas

Enlaces relacionados:

Textos para a historia das mulleres en Galicia

La violencia de género y su representación en la literatura gallega
(Una aproximación).

Cuando la igualdad se viste de hombre

Concepción Arenal (Foeminas Historia de Mulleres, enero 2006)

Emilia Pardo Bazán Primera parte (Foeminas Historia de Mulleres, abril 2007)

Emilia Pardo Bazán Segunda parte (Foeminas Historia de Mulleres, julio 2007).

Trabajos Citados

 

Pardo Bazán, Emilia. La mujer española. En Antología del feminismo. Introducción y comentarios por Amalia Martín-Gamero. Madrid: Alianza, 1975.

 

Valle Regueiro, Luis. "As mulleres galegas (reflexións sobre o femenino no discurso católico e refraneiro: dende Eva á Nova Eva)". Da Tía Tula á Casa da Muller. (Mulleres lucenses 1950-1990). Lugo: Excmo, Concello de Lugo, 2005.

 

Varela, Nuria. Feminismo para principiantes. Barcelona: Ediciones B, 2005.