María Balteira, mujer o mito

María Balteira
Ilustración de Luz Darriba de María Balteira

María Balteira fue la más sonada de las soldaderas de nuestra época medieval. Las soldaderas eran mujeres adscritas a la Corte que tenían como oficio cantar y bailar y recibían por ello una soldada, de ahí el nombre. En las ilustraciones del Cancionero de Ayuda aparecen danzando, tocando las castañuelas o el pandero en la compaña del juglar que tañe una guitarra o una viola.

Sabemos de la Balteira por las cantigas de escarnio que le dedican diez trovadores, verdadero arquetipo del que en la actualidad se dio en llamar anti-retrato o retrato descortés. Pedro Amigo de Sevilla y Pedro de Ambroa, betanceros ambos; Pero de la Ponte y el propio Alfonso X el Sabio son algunos de los autores que poetizaron burlándose de la Balteira. Por ellos conocemos una mujer viciosa y transgresora que andaba en boca de los mismos que participaban de su manera de vida, en un ejercicio de doble moral. Juradora; practicante del tiro con ballesta en competición con los hombres; jugadora de dados; tramposa en el juego; libre en la manera de acostarse con curas, escolares, juglares, etc.; transmisora de enfermedades venéreas y supersticiosa.

Como en el caso de las demás soldaderas, no se hace ninguna referencia a su arte. Eran tiempos en que, teóricamente, la mujer sólo podía elegir entre practicar el amor santo en el claustro o en el matrimonio, lejos del placer, o ser soldadera para disfrutar a pesar de entrar en una cierta marginalidad. Esto explica la opción de María Balteira que, siendo hidalga y poseyendo bienes de por sí, elige un oficio próximo a la prostitución. Se sabe que frecuentó las cortes de Fernando III el Santo y Alfonso X el Sabio. Según las cantigas, participó en una cruzada; no se conoce con certeza si la de 1248 o la iniciada en 1269 por Xaime I de Aragón. Menéndez Pidal sitúa el viaje alrededor de 1257. También de los textos medievales infiere este su relación con los moros de la familia Beni Escallola, arráeces de Málaga, Guadix y Comares que, apoyados por Alfonso X, si rebelaron contra el rey de Granada. Aventura la tesis que el Rey Sabio utilizaría la soldadera para sus fines políticos, por la especial cercanía que María Balteira mantuvo con Fi de Escallola. En ese momento la mujer dice que descree del poder de excomulgar de Roma para afirmar que sólo la Meca puede absolver. Pero, al fin de su vida, el miedo al infierno la lleva a querer confesar sin conseguir otro arrepentimiento que el de la edad: "Son vieja, ay capellán". Esta queja que Menéndez Pidal atribuye a la Balteira, los llevan a considerar que él la identifica con la soldadera María Lleve de la cantiga de Joam Vasques de Talaveira, identidad de la que muchos estudiosos, cuando menos, dudan.

Se desconoce el lugar y fecha de su muerte y enterramiento. Hay un diploma de 1257, citado por Martínez Salazar, en el que "doña María Pérez cede una rica heredad de su madre a los monjes cistercienses de Sobrado, a cambio de una renta vitalicia que ha de cobrar en su casa de Armeá [sic] (Coruña). Doña María debe hacer servicio al convento ‘así como familiar y amiga’, y a su muerte los monjes la llevarán la Sobrado en un ataúd cubierto de tres barras de estanforte rojo, y le darán duelo cumplido de familiar", del que también informa Menéndez Pidal. Mas no se encuentra ninguna referencia de si, andando los años, cumplió o no dicho legado. Este documento da cuenta también del propósito de la Balteira de ir a una cruzada.

Queda la duda sobre que datos de las cantigas responden a su auténtica biografía porque estas son un tópico literario en que confluye la sátira de los autores con el ánimo de hacer reír, como afirman Sholberg y otros, lejos de una intención moralizadora. En todo caso, la visión que se nos ofrece responde al imaginario masculino de la época, lleno de perjuicios machistas, oscilando entre la veneración a las santas y el vituperio a las soldaderas, entre las Cantigas de Santa María o las Cantigas de Amor y las obscenidades de las de Escarnio. Pero la leyenda de esta mujer traspasa los siglos y sigue inspirando a autores y autoras de nuestros días que la ven como una avanzada del carpe diem, contenta y gozadora, y también como un aire de libertad en las rígidas normas con las que el sistema patriarcal marcó siempre el territorio femenino. En ellos, María Balteira renace otra, como si la literatura, que antes la humilló, la quisiera rehabilitar ahora y elevar a la categoría de heroína patria. En todo caso, María Balteira es excepción o es la punta del iceberg de un conjunto de mujeres osadas? No olvidemos, de cualquier manera, que ella pertenece a una nación, Galicia, con una marcada tradición artística femenina, desde las puellae cantoras la que se refieren clásicos como Estrabón o Lilio Itálico, incluso en la continuación diacrónica, la "niña gaitera", de Rosalía de Castro.

Marica Campo